Tras 18 meses de recesión en Europa, la publicación anticipada durante la semana pasada de los datos del IPC y del PIB estimuló la esperanza de que finalmente apareciesen signos de cambio. El PIB francés sorprendió para bien el miércoles, debido principalmente a una recuperación de la producción industrial local, y se podría haber esperado que esto fuera una señal de lo que se avecinaría. Más tarde ese día, se hizo evidente que la mejora en Francia apenas había llegado hasta las cifras de la Eurozona. Sin embargo, las cifras positivas de Francia no fueron ninguna indicación de la producción industrial en los países vecinos, ya que el PIB de la Eurozona indicó solo un aumento del 0,3 % respecto al trimestre anterior. Positivamente, esta es la primera vez en casi dos años en que se registra una expansión económica del PIB de la Eurozona, a pesar de que es difícil llamar a un aumento del 0,3 % “vuelta a la normalidad”. En lo que respecta al IPC, las cosas no fueron mucho mejor, ya que el IPC de la Eurozona (publicado el viernes) indicó una disminución del -0,5 % respecto al mes anterior, lo que aumentó preocupaciones acerca de la debilidad de la demanda.
El significado de estos datos es que, por un lado, los líderes de la Eurozona se niegan a aumentar el gasto para economía, ya que las medidas de austeridad son esenciales para frenar la deuda a niveles del PIB. Por otra parte, con un desempleo del 12,1 % en la Eurozona (en conjunto), y alrededor del
26 % en países como Grecia y España, es difícil imaginar que la economía podría arrancar por sí misma. Puede ser que los líderes de la UE deseen que la economía mundial mejore, y que esto ayude a sacar a su economía del fango.

Una semana más tranquila en EE. UU.

Mientras tanto, las cosas en EE. UU. parecían mucho más tranquilas. No se han publicado cifras del PIB esta semana y el fuerte impulso de las semanas anteriores parecía haber asegurado de que incluso las malas noticias fueran recibidas con escepticismo como mucho. Las ventas al por menor publicadas el martes fueron los primeros datos en traer malas noticias, ya que solo indican una mejora del 0,2 % respecto al mes anterior, frente a un consenso de los analistas del 0,3 %. Los mercados no se vieron afectados, ya que los mercados de valores cotizaron al alza (de media) al final de la jornada. La respuesta de los mercados de bonos fue similar, ya que la rentabilidad de los bonos a 10 años de
EE. UU. aumentó entre aproximadamente un 2,63 % y un 2,72 % durante el día. Además, el Índice de Precios de Productores no mostró variación mensual, cuando se publicó el miércoles. Eso no planteó problemas de debilidad en la demanda, ya que los mercados no parecieron moverse demasiado.
Las demandas iniciales de empleo fueron una buena noticia, ya que cayeron hasta 320 000, frente a las 333 000 de la semana pasada. Estas cifras parecían empujar a los mercados ya que la rentabilidad de los bonos a 10 años subieron a un nivel del 2,82 %, el más alto de los últimos dos años. A los mercados de valores no pareció sentarles nada bien el hecho de que a las empresas ahora les saldrá más caro aumentar su capital, ya que el Dow Jones cayó al cierre un 1,5 % respecto al día anterior.
Al final del día, es importante recordar que mientras la flexibilización cuantitativa se lleva a cabo y el tipo de la Fed está en el 0,25 %, de momento está claro que la economía de EE. UU. no puede valerse por sí misma. Más aún, cuando la identidad del próximo gobernador de la Fed, que debe liderar el futuro de la política monetaria de EE. UU. aún no se ha decidido.