Después de que la Reserva Federal anunciara su último plan de flexibilización cuantitativa, ha habido mucha especulación sobre las consecuencias, tanto negativas como positivas, que este tendrá a corto y largo plazo. A corto plazo, esta estrategia haría que la deuda a largo plazo fuera más asequible para negocios y consumidores, lo que en teoría estimularía notablemente el gasto y conllevaría a la creación de puestos de trabajo y a la contratación de personal, para compensar la demanda creciente de sus bienes y servicios. Está bien que este proceso tarde un poco, ya que no hay un límite para la tercera ronda de medidas de flexibilización cuantitativa, de tal forma que la deuda a un interés bajo y el dinero fácil seguirán fluyendo hasta que la situación económica mejore. A largo plazo, sin embargo, esta expansión a gran escala de la oferta monetaria, producto de la compra voraz de bonos del plan de flexibilización, como mínimo, amenaza con reducir el valor de la divisa y cualquier cosa bajo el mismo paraguas. Dicho de otra manera, la gran preocupación sobre la tercera ronda de flexibilización cuantitativa es el posible aumento de la inflación. Tenemos que recordar que la Reserva Federal necesita limitar la inflación, pero también maximizar el empleo, lo que podría ser contraproducente. La peor consecuencia derivada de la tercera ronda de medidas de flexibilización es que, en el futuro, tendremos una hiperinflación imparable, que podría ser tan perjudicial para la economía como las amenazas actuales que ahogan el crecimiento y generalizan la insolvencia, producto de la deuda excesiva. Mientras tranto, un crecimiento débil y unas cifras de empleo bajas mantendrán la inflación en un aceptable 2% o inferior en los EE. UU., a pesar de los precios al alza de las materias primas. Reducir la tasa de desempleo del elevado e inaceptable 8% es la prioridad actual, de ahí la ilimitada acuñación de moneda.
¿Qué ocurrirá si la inflación se transforma en una amenaza y el crecimiento se estanca? ¿Cómo gestionará la Reserva Federal las contradictorias exigencias de sus resoluciones? Bernanke, presidente de la Reserva Federal, no ha especificado cuál es la inflación máxima aceptable por la Reserva Federal, pero el presidente del Banco de la Reserva Federal de Chicago, Charles Evans, ha abogado por continuar con la flexibilización de las condiciones monetarias hasta que el desempleo baje drásticamente a niveles inferiores del 7%, o la inflación suba del 3% y se mantenga. Así que, aparentemente, hasta que no se dé un 3% o superior, la inflación ni siquiera aparecerá en los radares de la Reserva Federal. Por desgracia, la historia ha mostrado repetidas veces que, una vez que se desata una epidemia de inflación, esta se puede extender rápidamente y a menudo es increíblemente difícil de exterminar. Por tanto, esta es la apuesta más difícil de la Reserva Federal: si la última expansión de oferta monetaria acarrea una inflación de más del 3%, tendrá que ser efectivamente capaz de controlarla y reducirla lo suficientemente rápido para evitar daños materiales. Algunos expertos creen que “La Gran Inflación” de 1965-1980 fue causada por algo muy parecido a la tercera ronda de medidas de flexibilización cuantitativa: dirigentes que ampliaron demasiado la oferta monetaria, de forma vertiginosamente rápida, para combatir el desempleo. En pocas palabras, si la Reserva Federal se ha equivocado en sus cálculos y los políticos no consideran la amenaza de la inflación seriamente, podría ser ya demasiado tarde antes de que se dieran cuenta de sus errores.

La semana pasada no hubo grandes cambios en los mercados, lo que sugiere que las consideraciones alcistas (estímulos para favorecer los activos) y bajistas (datos pobres generalizados, preocupaciones sobre la UE y evaluaciones de mercado elevadas) se compensan. Por otro lado, la consolidación de la semana pasada podría ser simplemente una repetición de la consolidación que ya observamos en 2011, justo después de que se anunciara la segunda ronda de medidas de flexibilización cuantitativa. También en aquel momento los mercados habían repuntado anticipándose al plan. Cuando se puso en práctica, hubo un par de semanas de venta de activos antes de rebasar el siguiente punto ruptura.

Sospechamos que los mercados podrían permanecer estables un poco más, basándonos en que, en las semanas posteriores a la segunda ronda de medidas de flexibilización, los mercados se consolidaron en una mezcla de ventas de activos promovidas por los rumores, justo después de que se anunciaran los grandes estímulos. El riesgo más grande provendrá probablemente de la crisis de deuda europea, temporalmente aplacada.  En particular, habrá que tener cuidado con España y Grecia. En España, el Banco Central Europeo no puede comenzar con la compra de bonos, ya planeada, bajo el nuevo programa de transacciones monetarias directas, hasta que España solicite ayuda de manera oficial. A España no le interesa hacer esto, ya que la ayuda vendría acompañada de condiciones políticas inpopulares impuestas por el BCE y el FMI (Fondo Monetario Internacional), así como auditores externos que probablemente encontrarían más deuda oculta.  En Grecia, informes publicados a lo largo de la semana pasada indican que los acreedores privados pueden sufrir pérdidas de nuevo en los bonos griegos. Cuando las noticias de la primera quita se hicieron públicas en el verano de 2011,  el rendimiento de los bonos de los PIIGS subió un escalón.
Otros eventos importantes del calendario de esta semana son:

  • Lunes: Informe IFO de Alemania
  • Martes: Informe de confianza del consumidor de Conference Board en EE. UU.
  • Miércoles: indicadores del mercado de la vivienda en EE. UU.
  • Jueves: subasta de bonos a 10 años en Italia
  • Viernes: informe de los bienes de consumo duraderos en EE. UU.

Fuente: Anyoptions