La crisis de la UE comenzó de hecho a finales de 2009, justo cuando la liquidez del mercado estaba acabándose en vísperas del Día de Acción de Gracias en EEUU, y llegaron noticias de que parte de la deuda de Dubái había de caer en el impago. Los mercados cayeron, pero se recuperaron poco después. No obstante, esto llevó a los medios de comunicación a centrarse en otros posibles focos de incumplimiento de deuda soberana. Inesperadamente, las alertas aisladas sobre la deuda soberana de EEUU pasaron a ser centro de atención
A continuación detallamos un breve resumen de lo que pasó, de la situación en la que nos encontramos dos año después, y las razones principales que llevaron al estado presente. La crisis ha empeorado principalmente debido a una serie de negaciones y medidas parciales, adoptadas parcialmente y demasiado tarde que repercutieron sobre la confianza de los mercados. En lugar de un compromiso rápido y tajante (parecido al adoptado en EEUU en 2008) destinado a evitar un posible impago soberano y alejar a los especuladores, ocurrieron los eventos siguientes:

  1. Negar que había un problema.
  2. Se admitió que había un problema, pero vino acompañada con declaraciones de que no habrían rescates en vista de los peligros morales asociados con ellos. Asimismo, se aducía que esos rescates no eran necesarios ni solicitados por nadie.
  3. A continuación se admitió que se necesitaban rescates, subseguido por inmediatas solicitudes de ayuda.
  4. Los paquetes de rescate probaron ser demasiado pequeños y tardíos, sin lograr inspirar confianza y el contagio se propagó más allá de lo que podía el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF).
  5. Las soluciones a corto plazo calmaron los mercados por pocos meses y posibilitaron un rally de negociación; pero no lograron evitar un deterioro subyacente.

El paso 6 llegó el mes de Julio, cuando la crisis comenzó a propagarse más allá de las pequeños países que la UE podía permitirse el lujo de rescatar, cuando Grecia volvió para pedir su segundo rescate. Las autoridades alemanas ejercieron presión y éstos recibieron un impago parcial (en forma de un 21% de recortes “voluntarios” para los bonos griegos) haciendo caso omiso a las objeciones del BCE, inclusive las de su Presidente, Trichet. La lógica detrás de los recortes es que había demasiada resistencia política para proporcionar dinero en efectivo proveniente del sector público para poner fin a las especulaciones sobre los bonos de los periféricos. Esto se debe a que Portugal e Irlanda solicitaban ya el rescate, España mostraba señales de vulnerabilidad, y salían a la luz indicios de problemas provenientes de países adicionales. Asimismo, los sacrificios impuestos a los contribuyentes de impuestos de la UE derivados del último plan de rescate, se convirtieron en más concretos y palpables, dado que ahora los bancos habrían de compartir parte de las pérdidas.
El fallo clave en ese razonamiento, tal como advertimos en su momento, es que provocar pérdidas causaría exactamente lo que deseamos prevenir: una escalada en todos los costes de préstamos de los países periféricos y propagar la crisis financiera a países que hasta entonces no se habían visto perjudicados (y demasiado grandes para ser rescatados), como España, Italia y la segunda nación fundadora: Francia. Hasta entonces, se suponía implícitamente que la deuda soberana de la UE estaba libre de riesgo, dado que los compradores particulares no sufrirían pérdidas. Un riesgo bajo significa rendimientos bajos. Los recortes significan ahora que esa suposición de bajo riesgo era equívoca, por lo que los niveles de rendimiento tenían que subir para compensar ese riesgo. En cuestión de semanas, no solamente España, pero también Italia, que era demasiado grande para ser rescatada, estaban enfrentándose a costes de préstamo demasiado elevados. De esa manera, en cuestión de pocas semanas, comenzaron a sentirse las consecuencias temidas de riesgos más elevados sobre la deuda soberana y costes de préstamos más altos, efectos presentes hasta el día de hoy.

Fuente  : Anyoptions